
El yo de Hitler está siempre en relación de ataque o defensa con respecto al mundo, pero nunca de cooperación pacífica.
Exhibe un valor, un coraje excepcional, casi animal, y tiene tendencia a la aventura. En el campo de batalla, demostró valentía fuera de lo común, con lo que ganó numerosas distinciones militares. Él era un hombre de acción. Necesitaba una guerra para su pueblo, y como no se la dieron, la provocó. Su conocimiento de las armas era asombroso, y como militar y estratega se mostró milimétricamente organizado y efectivo. Sus errores militares se debieron sólo a situaciones repentinas y sorpresivas que sacaron de cauce sus planes.
También presenta fuerte instinto de represión, mecanismo de defensa más importante entre los resultantes del gran número de privaciones y frustraciones que sufrió.
Otra característica típica de Hitler es su indiferencia, quizás hasta aversión, con respecto a las tendencias humanas fundamentales, como el alimentarse, o incluso el tener relaciones sexuales. Frente a ellos se presenta a sí mismo como el ideal ascético, con actitud de superioridad frente a los “placeres vulgares”. De hecho, nunca sintió nada por Eva Braun (quien sí lo amaba a él), y se casó con ella sólo como premio por su lealtad. Él mismo escribe “Durante mis años de lucha consideré que no debía contraer matrimonio, pero ahora que mi vida llega a su fin, he decidido tomar por esposa a la mujer que aún sabiendo que Berlín se hallaba rodeada vino para morir al lado del hombre que ama”. No hay ninguna palabra de afecto o demostración de cariño, sólo reconocimiento de lealtad.
Las capas de su personalidad revelan ambivalencia. En la capa más profunda se encuentran tendencias inmorales, antisociales, anárquicas, e inseguridad; pero en la capa superior (la que muestra en el exterior) se ven los opuestos: rigidez moral, preocupación por el orden, actitudes sociales y modelo de seguridad.
Debido al mencionado proceso de individualización en condiciones de inseguridad, Hitler desarrolló un egocentrismo desmedido. Se preocupa mucho por sí mismo, y necesita ser objeto de amor y atención de todos. Su fórmula representativa es “Nadie me ama… por eso me amo a mí mismo”.
Esta necesidad de aceptación hace que adopte las ideas y el estilo de lenguaje de mayor circulación. Por ello muestra una excelente capacidad verbal y oratoria, exponiendo con maestría los símbolos culturales de su grupo ideológico. Aglutina en sus filas a los elementos más descontentos de la sociedad, diciéndoles lo que ellos quieren escuchar. Una constante en su vida fue que todos aquellos que lo despreciaban y subestimaban se convertían en sus fervientes seguidores, tal era su habilidad para los discursos.
Sufría fuertes propensiones a la paranoia. Su necesidad de autoafirmación se descarga en forma violenta, mediante la fórmula “Si ustedes no me aceptan/aman, los obligaré a hacerlo”. Para él, el mundo sólo podía dividirse en seguidores o enemigos. Debido a esto es incapaz de sostener diálogo con los demás, pues los domina, los somete, los inhibe.
La personalidad de Hitler está basada además en la acción mesiánica en todos los aspectos de la vida. Se considera a sí mismo salvador de su pueblo, portador de sus ideales y esperanzas, el único capaz de cumplirlas. De hecho, durante sus momentos de delirio en el hospital de Passewalk, después de la Primer Guerra Mundial, afirmaba haber escuchado el deseo de la Divina Providencia de que él guiara al pueblo alemán hacia la gloria.
Otra de sus características distintivas fue la autosuficiencia. Es incapaz de salir al encuentro con los demás, y su orgullo no le permite aceptar ayuda de nadie.
Dentro de la clasificación de los tipos de líder, Hitler entra en la de Autoritario. A pesar de haber llegado al poder mediante elecciones democráticas, todas sus demás características concuerdan con este arquetipo. Toma él solo las decisiones, y no admite discusión para ello. Frente al grupo, es directivo y rígido en el planteo de contenidos y, sobre todo, de procedimientos, sin tener en cuenta otras ideas. No admite discusión en la forma de desarrollo de las tareas, sólo asume la distribución de roles, imparte órdenes y limita a los demás a cumplirlas. Además, el grupo (es decir, el pueblo alemán) se derrumbó apenas su líder comenzó a faltar. Su fuente de poder reside principalmente en la coerción, es decir la posibilidad de recurrir a la obligatoriedad de la acción, pero también es fundamental el sistema de recompensas y castigos, que reparte casi arbitrariamente, y que utiliza como fuente de miedo pues, normalmente, el castigo es la muerte.
Como líder autoritario, causó reacciones más bien apáticas que agresivas, pues su poder sobre el pueblo alemán era profundo y fuerte, y cualquier posibilidad de rebelión era anulada mediante el mencionado poder de recompensas y castigos
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